domingo, 3 de marzo de 2013
sábado, 1 de diciembre de 2012
martes, 2 de octubre de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
domingo, 17 de junio de 2012
domingo, 6 de mayo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
sábado, 22 de octubre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
martes, 9 de agosto de 2011
domingo, 10 de julio de 2011
sábado, 11 de junio de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
                                                                Halcón embalsamado
                                                               (X Dinastía)
Tras el cristal
el halcón dibuja vuelos inagotables.
Fuera, mayo es la ardicia
que lo reclama para su legión.
Pero él sólo ha de trazar
el firme cielo de Nubia.
Francisco R. Hernández, Día de las aguas
sábado, 5 de febrero de 2011
viernes, 31 de diciembre de 2010
Esto que ves
es la mordedura del día.
El borde rosado
fue trazado por la furia
de un cartógrafo ciego.
Sea aquella llama
una de las pruebas
                           –no la mejor–
de las afueras del daño.
Francisco R. Hernández, Día de las aguas
sábado, 27 de noviembre de 2010
domingo, 17 de octubre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
sábado, 7 de agosto de 2010
miércoles, 9 de junio de 2010
Ahora el ascua nada dice.
Lado del azogue
                        exilio
donde un calígrafo
                           y sus signos.
Preservo la sed
de una jauría llamada sombra.
Francisco R. Hernández, Día de las aguas
sábado, 17 de abril de 2010
viernes, 15 de enero de 2010
viernes, 6 de noviembre de 2009
jueves, 1 de octubre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
También el tacto candente del día
lleva en su latido benéfico
un aviso de sobresalto en el borde.
En la inmóvil circunferencia,
un espacio donde labios o veneno,
                                                  alternativamente,
se posan con la misma determinación.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
miércoles, 5 de agosto de 2009
sábado, 4 de julio de 2009
No el temblor,
lámina fiel que en la superficie
aún separa miembro y aire.
Antes del despojo,
presos en la eterna claridad del viaje.
Temporada sin mancha,
acogidos por los tilos y su fe de sombra.
Pudimos seguir así,
                             inmóviles,
nunca ceniza,
casi a punto de recordar.
Preciosa raíz de lo que no fuimos.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
sábado, 6 de junio de 2009
lunes, 11 de mayo de 2009
jueves, 9 de abril de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
viernes, 6 de febrero de 2009
jueves, 1 de enero de 2009
sábado, 20 de diciembre de 2008
sábado, 8 de noviembre de 2008
domingo, 19 de octubre de 2008
                                                 Discóbolo
No es la contienda del mármol
la que libra el pez de la palabra,
ni la luz prendida en el volumen
acata el mismo mandato.
Pero un compás dispone el músculo,
la letanía del arquero
o la inclinación del celebrante.
Ven a escuchar qué restalla
en el principio del fruto.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
sábado, 27 de septiembre de 2008
viernes, 29 de agosto de 2008
Destierro a Constanza
Sólo la madurez del fruto,
                                     poema,
jura que estos versos
también viajaron hasta Constanza.
Idéntico metal de nubes bajas,
sombra del aire extremo.
¿Qué semejanzas esparcen su aviso?
Mismo perseverar de lo invisible.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
domingo, 10 de agosto de 2008
lunes, 28 de julio de 2008
miércoles, 16 de julio de 2008
domingo, 22 de junio de 2008
Antes del decir,
los dioses se desplomaban
sobre la espesura.
Allí olvidaban
el primer deslumbramiento
en un sueño de aguas.
Palabra entonces
como grieta del silencio.
                                   Amor,
¿fue albor lo que afirmaste?
Francisco R. Hernández, en De una región, clamor
sábado, 7 de junio de 2008
domingo, 4 de mayo de 2008
Lento el caudal
porque careces de fe.
¿No divisas ya velas
                             o alas?
Hace tiempo que bebe
en los ojos de tus perros
la sed de un incendio.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
domingo, 30 de marzo de 2008
Espera lo que fue ocelo,
acerado e inquieto.
¿Qué alimentó su corazón
en centurias de hielo?
Reconoce mi marca
cuando no recuerdo piel donde habité,
ampara mi voz
bajo el fragor de la campaña,
protege mi sombra
contra el eclipse de mediodía.
No es otra la sed
de quien no cesa jamás.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
sábado, 15 de marzo de 2008
Nadie medirá esta fiebre.
Adiestrado, ofrezco el pecho
como jenízaro leal.
En él se posa,
                           batir de alas lentas,
una huella de vuelo.
Evoque ya mi pupila,
                                           sin cautela,
la limpia silueta.
Con precisa grafía anticipo mi nombre.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
sábado, 8 de marzo de 2008
Aquel año las fiebres
asolaron su cuerpo.
Llegaron con la noticia
de hojas ardientes y viento manchado.
Una vez más pensó que no se pertenecía;
una vez más, extraño
en comarca que tuvo otro nombre.
También recordó que antes de sus pasos,
en la escritura primera,
de susurros y hogueras eran los días.
Francisco R. Hernández, De una región, clamor
viernes, 29 de febrero de 2008
miércoles, 20 de febrero de 2008
sábado, 9 de febrero de 2008
sábado, 2 de febrero de 2008
domingo, 27 de enero de 2008
Certeza de luz que nadaba
bajo el almendro.
La senda labró
un tenaz músculo de costumbre,
huella del dístico
que sometía en su espacio
la avidez de la hora.
Conjuro contra las sombras.
El resto fue derrota,
divisa abrasada.
Ahora,
desde el agua de nadie,
ruega por mí.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio
sábado, 12 de enero de 2008
Por tu vida, tus rodillas y tus padres
te ruego no destrocen los perros
mi carne ante las naves aqueas.
Canto XXII, LA ILÍADA
A condición
de elevar plegarias cada noche
por el cuerpo de Héctor.
Así la lanzada se aquietará
                                       cautiva,
en piélago de trazos
                             y sonidos.
A ritmo de un cayado
será a la vez
música y conjuro.
Intacto arribas a la sombra.
Francisco Ramón Hernández, de La sed y el incendio
sábado, 5 de enero de 2008
Gira la sombra del sauce
en fe de tránsito.
¿Marca del tiempo?
Edad abolida.
Este latido es resina,
                              ya pleno
como recuerdo de dioses.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incencido
sábado, 29 de diciembre de 2007
El súbito malestar
del viejo ahogado que emerge.
El mar estaba en la luz
y no en la morada,
benéfica tiniebla, abismo que acaricia.
Pensó que era mejor estar muerto,
evitar el ascenso, la comunión lacerante
con el día que ya gobierna.
Un peldaño y otro;
subida de frío tacto
hasta el fondo del ojo
que ya vuelve a respirar,
con pausa.
Mañana en todas las afueras,
donde el eco de brasas
trae una noticia.
Francisco R. Hernández, de De una región, clamor
domingo, 23 de diciembre de 2007
Regreso del sueño,
y recuerdo la caída de brazos abiertos,
justo cuando la confidencia es dulce
y en los labios de sábanas frescas
se pone fin a un perseverar obsceno,
al martilleo de mí mismo sobre el yunque;
latido y ritmo que han gobernado
con esa voluntad ciega o torpe.
Francisco R. Hernández, de De una región, clamor
sábado, 22 de diciembre de 2007
Lanzo runas
que resuelven el humor de mis ojos
o guían la deriva en la sangre.
Todo antes que someterme
al ídolo implacable
que mora el azogue,
cántico memorizado
                             en el perfil.
Hasta aquí llega su reino.
Francisco R. Hernández, de La sed y el incendio