sábado, 31 de diciembre de 2011

          
                  
                       
                       
                      
                     
                             
                    
A la mitad
las letras son blancas
la voz es blanca

al segar baja la mano

no la mies
me alude el ritmo de la hoz.
                       
                  
                        
                             
                       
                           
                        
Francisco R. Hernández, Día de las aguas

4 comentarios:

karmen blázquez dijo...

Admirable este poema,querido Durandarte, minucioso como la hora del Angelus que marca con exactitud la mitad del día, y oigo también la voz blanca como en el cuadro de Millet.
Dice S.Weil"La luz impalpable e ingrávida es una energía que hace que pese a la gravedad los árboles y las espigas crezcan hacia arriba.La comemos en el trigo y en los frutos,y su presencia en nosotros nos da la fuerza de mantenernos derechos y de trabajar".
Un fuerte abrazo lleno de amistad y admiración y que el año entrante te depare lo mejor
karmen

Durandarte dijo...

Lectura o escritura, siega o cadencia; todo bajo el mismo fraseo que dicta la luz de la que habla Simone Weil y que tan generosamente traes.

Un abrazo y mis mejores deseos, Karmen.

ana dijo...

Precioso poema, delicado, apenas siente uno su caricia. Curiosamente también me trae el Angelus, como a Karmen. Cada verso es conmovedor, me atrapa y me "siega".
Al segar baja la mano
no la mies... espléndido!!!
Siguiendo la invocación a Simone,diría que todo el poema baja con la levedad de la gracia

Un fuerte abrazo con todo cariño, y deseando lo mejor para ti en el nuevo año y siempre
anamaría

Durandarte dijo...

Ese verso en cursiva pertenece a una canción de siega, bella y precisa, como el propio ritmo de esa labor. Difícil desoír esa cadencia, un impulso que escribe el resto del poema, independiente de la intención última, si tal cosa existiera.

Otro abrazo muy fuerte, anamaría